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Los tres signos de un trabajo miserable

Escrito porEmilio Fantozzi

Anonimato, irrelevancia e inmedición: el modelo de Patrick Lencioni sobre por qué un puesto se vuelve miserable, y quién lo controla.

  • 2 min de lectura

Son tres: anonimato, irrelevancia e inmedición. Que la persona sienta que no la conocen, que no vea a quién le sirve su trabajo, y que no tenga forma de saber sola si lo está haciendo bien. Los tres los controla el jefe directo, y basta con uno para que el puesto se vuelva miserable.

El modelo es de Patrick Lencioni, en The Truth About Employee Engagement (2007), que salió primero como The Three Signs of a Miserable Job. Su fábula pone a un CEO retirado a administrar una pizzería justo para probar el punto: la miseria en un puesto no depende del rubro ni del cargo.

¿Cuáles son los tres?

Los tres signos van escritos sobre los lados del triángulo, no en los vértices. Es lo que hace que encierren: los tres juntos cercan a la persona.

Un triángulo equilátero con «miseria en el trabajo» en el centro y los tres signos escritos a lo largo de sus lados, siguiendo la inclinación de cada uno: anonimato en la base, irrelevancia subiendo por el lado izquierdo e inmedición bajando por el derecho.

Anonimato. La persona siente que su jefe no la conoce ni se interesa por ella como persona. No se trata de ser amigos: se trata de que él sepa quién es, qué le importa y a dónde quiere llegar.

Irrelevancia. No ve a quién le mejora el día su trabajo. Todos necesitamos saber que lo que hacemos le importa a alguien concreto, sea un cliente, un colega o el propio jefe.

Inmedición. La persona no tiene forma de saber por sí misma si lo está haciendo bien, y queda colgada del juicio subjetivo de su jefe a fin de año.

¿Por qué un triángulo y no una lista?

Porque los tres lados encierran. Ése es el argumento de la figura: no hay jerarquía entre ellos, no hay secuencia y ninguno es la base — los tres juntos cercan a la persona.

En el dibujo los signos van escritos sobre los lados, no en los vértices, y esa decisión es del modelo: lo que encierra es el lado.

¿Dónde pone la responsabilidad?

Ahí está lo incómodo. No en Recursos Humanos, no en el paquete de beneficios, no en el presupuesto.

Los tres se reparan conversando y acordando medidas que la persona pueda mirar sola. Es trabajo del jefe directo, y no se puede tercerizar hacia arriba ni hacia el área de gente.

Por qué un buen sueldo no lo arregla

Porque el compromiso de un equipo no se compra. Se construye jefe por jefe.

El modelo es de Patrick Lencioni, en The Truth About Employee Engagement (2007).